Virgen de la Cuesta
Plaza de los Toros, 37660 Miranda del Castañar, Salamanca
Virgen de la Cuesta
923 43 24 28
Virgen de la Cuesta
04
Miranda del Castañar

Un paseo por Miranda

Esplendor medieval y magia en sus calles
Miranda, situado en lo alto de un promontorio, visto desde arriba ofrece una silueta oval semejante a la de un pez. Además, desde la distancia, se divisan las imponentes imágenes del Castillo y la Torre de las Campanas.

Una vez que estemos en la villa y justo en el cruce de las dos entradas por carreteras, nos encontraremos con la ermita del Cristo del Humilladero, pequeña iglesia que al igual que sucede en numerosas zonas de España se situaba a las afueras de la localidad aunque ahora está integrada en la misma.

Avanzamos unos metros por la calle de Los Llanitos -o el Canapé como tradicionalmente se ha conocido- y tras ver la única cruz que se conserva de lo que fue el Vía Crucis, llegaremos a la Plaza de los Toros, rectangular y con burladeros abiertos construidos en lo que sin duda fue una gran obra en cantería. Según el profesor Gómez Moreno, se trata de la plaza de toros más antigua de España, pues ya se corrían reses en el año 1500. Reses que se siguen corriendo todos los años el 9 de septiembre.

El Castillo, en el que destaca y sobresale la imponente Torre del Homenaje, de 32 metros, preside la vida de Miranda desde el siglo XV, en concreto desde 1451, como se refleja en una lápida en la propia torre que habla de esa fecha como inicio. Esta es, sin ningún tipo de dudas, la imagen más representativa de la villa.

Si dejamos la plaza y encaminamos nuestros pasos hacia la derecha, nos encontraremos la Alhóndiga, una de las más antiguas de España y puesta en marcha en el siglo XVI para regular el comercio de cereales. Las alhóndigas eran “graneros públicos para asegurar y regular la producción y el comercio de granos de las localidades del reino, buscando también librar de la usura al labrador” según V. Lampérez y Romea. En la actualidad es la sede del Ayuntamiento y en su fachada de mampostería hay una lápida en la que se puede leer que es obra de 1585, aunque diversos autores la sitúan antes.

El Arco de San Ginés (puerta este) nos introduce a la villa y nos permite disfrutar de los escudos, posiblemente, de Zuñiga, Avellaneda y Aza, situados en la parte superior, y de la imagen de San Ginés en el interior. Atravesamos la Plaza de San Ginés y unos metros más adelante comienza la Calle Larga o calle Derecha, la más importante y de obligado recorrido, aunque también conviene ir haciendo incursiones y echando miradas, a izquierda y derecha, para disfrutar de las pequeñas calles del Pino, del Castillo Cerrado, del Pozo o del Hospital, en la que estaba situado el Hospital de la Piedad o de la Misericordia. Seguimos el recorrido por la calle derecha y disfrutando de casas como la del número 18, con sillares, o la del número 20, en donde en lugar de un escudo veremos una tableta de chocolate, puesto que allí hubo hasta bien metido el siglo XX una fábrica de chocolate

Seguimos nuestro recorrido por la calle larga por la calle derecha y no dejamos de recordar esas miradas o internarse en las calles que salen a ambos lados y llegaremos a La Casa de los Díez de Tejada, o de los Tejerizo (perteneciente en su momento a uno de los linajes nobles de Miranda), en la esquina con la calle de la Plaza Abajo, y que es uno de los dos grandes edificios particulares de Miranda para el estudioso de la Villa Don Julián Álvarez Villar. Es espectacular por dentro y por fuera con un escudo que pone de manifiesto el apellido de sus propietarios y también las cruces de Santiago y Malta, lo que indica la pertenencia a esas órdenes de sus dueños.

Abandonamos la calle derecha y bajamos hacía la Plaza de la Iglesia, punto culminante de la vida de Miranda durante años al situarse allí a la izquierda el antiguo Peso Público. Allí están las que fueron Casas de Aguilera y Escalante, y en la esquina con la calle Hospital, la de los Valbuena, además de la Iglesia de Santiago y San Ginés de Arlés, gótica y que algunos autores por sus características la atribuyen al siglo XIII. Es importantísimo el dato que nos ofrece la leyenda de una piedra incrustada en el muro de la pared izquierda: “Miranda pobló el Rey Alfonso en la era mil doscientos cincuenta y uno”. Se refiere al Rey Alfonso IX y al año 1213.

La Torre de la Iglesia o campanario, separado de la iglesia al igual que en otros pueblos de la sierra, es un edificio civil, pero en el caso de Miranda se construyó al derrumbarse el que estaba situado en la iglesia, por lo que forma parte también de esta plaza. Data del siglo XVII y está realizada por el cantero Jerónimo de Hontiveros. Las campanas tenían -y tienen- diversos usos y señales y por su sonido, que se extendía por toda la sierra, se enteraba la población de sucesos (muertes, incendios,..) o era convocada a diversos actos
artesano.

La antigua Cárcel Real conserva, al igual que otros muchos edificios de Miranda, los escudos nobiliarios, en este caso de Zuñiga y Avellaneda. Hay que destacar que en la plaza también estuvieron el cementerio (hasta 1819, fecha en la que se realizó el empedrado de la plaza), la escuela y el ayuntamiento.

Si descendemos unos metros y buscamos la Puerta del Postigo (sur) veremos también el Paso de Ronda bajo bóvedas de cañón apuntadas y sobre el que se construyeron la sacristía y el baptisterio de la Iglesia. Unos metros más adelante, y de regreso a la Plaza de la Iglesia, veremos el Hastial de Poniente de la Iglesia y la Casa de Paniagua, y recordaremos que también aquí estuvo el Peso Real.

La calle Vivaque o la de las escuelas nos llevarán hasta la Puerta de la Virgen o el Arco de Nuestra Señora (oeste), por la que entra el 7 de septiembre la procesión que sube desde la ermita a la patrona de la localidad, la Virgen de la Cuesta.

La ermita alberga la imagen románica tardía del siglo XIII de la Virgen. Data del siglo XVI y tiene un retablo de 1699, obra de Juan de la Puente, arquitecto de la Catedral de Salamanca y que en unión de otros canteros realizaron esa obra por “seis mil reales de vellón”, según consta ante don Jerónimo Rodríguez de Ledesma, el escribano de Miranda.

De regreso al pueblo, y accediendo por la puerta que lo abandonamos, tomamos de nuevo la calle derecha para llegar a la Casa del Escribano, con fachadas a la calle Derecha y a la de los Tigres, y que para Julián Álvarez Villar, es sin ningún tipo de duda el edificio más representativo de Miranda, con piedra de cantería en toda su fachada, reloj de sol y un bello escudo.

Podemos hacer los metros de la calle Derecha, que no realizamos cuando nos desviamos a la Plaza de la Iglesia, y observaremos la Casa de las Carnicerías y los bellos edificios de la calle de la Obligación.

Regresamos a la Casa del Escribano y continuamos por la de los Tigres, en la cual podremos disfrutar de blasones, que gracias al trabajo del mencionado profesor (y no siempre reconocido como se merece) Álvarez Villar se pueden identificar. Pasaremos junto a la Posada de Asprodes (ver sección de la Fundación, Origénes y Actividad) seguiremos por el Altozano, y llegaremos a la Puerta de la Villa (puerta norte, puerta de San Benito), que es a nivel arquitectónico la de más valor de todas las puertas.

La calle de San Ginés nos devolverá al sitio en el que comenzamos el paseo, o si salimos del casco por uno de los cinco accesos abiertos posteriormente, apreciaremos la muralla, que, con una longitud de 631 metros y conservada íntegramente en su trazado primitivo, encerraba tras ella a toda la población de Miranda.

Miranda hay que recorrerla despacio y caminarla de día y de noche. Miranda es Medievo, pero también Renacimiento. La Sierra de Francia tiene mucho que ver, mucho que descubrir, mucho que saborear, mucho que oler…

Miranda del Castañar es plaza de toros, castillo, muralla, iglesias y ermitas, casas señoriales, heráldica, dinteles, ventanas, ménsulas y blasones. Miranda es Paso de Ronda, rincones oscuros, rincones de luz, luces y sombras, “esencia” de historia, judería y arrabal. Observarla y recorrerla con detenimiento es aproximarse al pasado de una Villa Medieval con una larga historia y un gran presente. Si se logra conservarla y preservarla la disfrutaremos hoy, pero también las generaciones futuras.

En el término municipal de Miranda, y en sus alrededores, también podemos visitar y descubrir cosas muy sugerentes. Imposible mencionar todo. Citemos y destaquemos los restos del acueducto que llevaba el agua del arroyo La Palla en Garcibuey a Miranda y que aún hoy es punto hasta el que llegan de caminata muchos mirandeños.

Las Fuentes Grandes, dos verticales y una horizontal, del siglo XVI, nunca han conocido sequía y son de indudable belleza.

Los puentes, como el de la Ribera para salvar el curso del río San Benito (o la Cabrera como popularmente se le ha conocido siempre), son en la actualidad muy transitados al pasar por el mismo el “Camino de los Prodigios”, uno de esos caminos por la naturaleza creación de la Diputación Provincial para promocionar zonas y estimular el senderismo.

En la mencionada Guía, “Acércate a Miranda”, editada por la Fundación, podrás descubrir, recordar o animarte a visitar de nuevo otras fuentes, otros puentes y otros parajes existentes en Miranda del Castañar como La Madroñeras.

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